Martínez Quirante compara los sistemas de tenencia de armas americanos (en realidad solo el de los EE.UU.) y europeos (principalmente el español, máximo exponente según la autora del sistema europeo (p. 175)), observa que en el primer país la tasa de crimen violento es superior a la europea y concluye (aunque no llega a demostrar) que esto se debe a la (aparente) laxitud de las leyes sobre tenencia de armas estadounidenses y que el sistema restrictivo europeo es más eficaz a la hora de garantizar la seguridad pública y de proteger el derecho fundamental a la vida.
Según Martínez Quirante, la falta de control sobre las armas de fuego a nivel federal hace que estas abunden en manos de los ciudadanos y esta abundancia de armas es la que crea los problemas de violencia que sufre el país. Una actuación por parte de la Administración encaminada a controlar las armas de fuego en manos de civiles reduciría, según la autora, el número de armas de fuego y por tanto la criminalidad.
Martínez Quirante, sin embargo, analiza las leyes federales de control de armas de los EE.UU. (NFA, GCA, Brady Bill, AWB, etc) que parecen no ser suficientes y deja de lado el estudio de las leyes de control de armas de los diferentes estados y su efecto en el crimen violento. Aunque según la autora no hay control estatal sobre las armas de fuego en los EE.UU. y su tenencia es libre y todos los ciudadanos pueden adquirir armas e ir armados por la calle la realidad es otra: las leyes sobre tenencia de armas varían de estado a estado y en algunos éstas son tan estrictas como las europeas. En los EE.UU. existen más de 20.000 leyes (a nivel federal, estatal y local) que regulan la tenencia y el porte de las armas de fuego pero Martínez Quirante ignora la mayoría de ellas.
Al ser un país relativamente homogéneo (en cuanto a su cultura, población distribución de riqueza, etc) la comparación de los efectos de los diferentes modelos de control de armas sobre el crimen es mucho más fiable que comparaciones internacionales que cita la autora. Desgraciadamente, esta comparación no se lleva a cabo en este estudio.
Martínez Quirante ignora además que, además de Europa, existen otros países donde la tenecia de armas está restringida o prohibida a civiles y las armas de fuego están estrictamente controladas pero que tiene tasas de crimen violento muy superiores a la de los EE.UU. (Rusia y sus ex-repúblicas, Venezuela, México, Colombia, Sudáfrica, Jamaica, Brasil) mientras que otros países donde con mayor o menos control estatal gran parte de la población está armada (Suiza, Finlandia, Noruega, Canadá, Australia, Israel) tiene tasas de crimen violento muy por debajo de la de los EE.UU.. Esta observación contradice la tesis de la autora de que una mayor intervención de la administración (un control más riguroso) sobre las armas de fuego reduce y previene el crimen violento.
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