Según Martínez Quirante "[u]na de las razones que pueden hacer pensar en la violencia como elemento característico de la socieda americana es la política administrativa con respecto a las armas" (p. 142).

Continúa diciendo que "una persona tiende a volverse más violenta o a manifestarlo de forma más visible si cuenta con un arma" pero no explica como es esto posible. Al parecer, según ella, un arma ejerce una misteriosa influencia sobre las personas normales y les hace volverses más violentas. Cualquiera que haya presenciado una competición de tiro olímpico tendrá problemas para creer esta afirmación.

Sigue diciendo que "la facilidad con la que cualquier ciudadano americano puede acceder a las armas y a tener una primera reacción armada, fomenta una cultura una práctica de la violencia". Dependiendo de donde viva (las leyes de cada estado son diferentes) ese ciudadano estadounidense puede tener un acceso relativamente fácil a ciertas armas de fuego (las automáticas, por ejemplo, son muy difíciles de conseguir) siempre y cuando carezca de antecedentes penales, no haya sido expulsado de las fuerzar armadas, no pese sobre el una orden de alejamiento o tenga una historia de violencia doméstica, no tenga problemas psíquicos y no sea consumidos de "sustancias controladas". Se estima que entre 60-80 millones de estadounidenses (de una población de más de 290 millones) posee armas de fuego y que hay una entre el 30-45% de los hogares. Si, como dice la autora, las armas vuelven a las personas más violentas, y los estadounidenses pueden tener más facilmente una primera reacción armada es lógico esperar que sus cifras de violencia (especialemente de violencia no relacionada con la comisión de crímenes) fuera muchisimo más alta. Sin embargo no es así. El que la inmensa mayoría de los estadounidenses propietarios de armas de fuego nunca haya cometido ningún crimen (especialmente ningún crimen violento) hace dudar de la afirmación de la autora.

Cita la autora que expertos criminólogos señalan que las armas de fuego (aunque no son lás únicas causantes de la alta criminalidad de los EE.UU) agravan decisivamente los niveles de violencia. Según datos de la National Crime Victimization Survey del 2003 se cometieron 4.9 millones de crímenes violentos en los EEUU

Casos
Sin arma de ningún tipo %
Con arma de fuego
Total crímenes violentos 4.949380 68.7 7.4
Se usó violencia 1.513.500 64.8 8.8
Existió amenaza de suso de violencia 3.435.880 70.3 6.8

Según el tipo de crimen violento el uso de arma fue como sigue:

Casos
Sin arma de ningún tipo %
Con arma de fuego
Robo con fuerza 552.830 84.1 25.0
Violación 191.350 84.1 3.1
Asalto 4.205.190 71.7 5.3

Esta encuesta entrevista a las víctimas del crímen por lo que no hay datos sobre los homicidios. Ese año, según el Uniform Crime Report del FBI se cometieron 14.408 asesinatos, 67% de ellos con arma de fuego.

Según estos datos, la mayoría de los crímenes violentos (excepto el asesinato) se cometen si armas de fuego. Notese como los asaltos se cometen mayoritariamente sin armas a pesar de los fácil que es para los estadounidenses "tener una primera reacción armada".

También muestran estos datos que, en contra de lo que afirma Martínez Quirante (p.142) es el asalto (an unlawful attack by one person upon another for the purpose of inflicting severe or aggravated bodily injury), no el robo, el crimen violento más común en los EE.UU. De los 552.830 casos de robo con fuerza en el 2003 1.056 acabaron en muerte (un 0.19%) por lo que tampoco parece cierta la afirmación de que los resultados de los robos (incluso aquellos en los que se usa un arma de fuego) acaben con la vida de las víctimas como afirma la autora (p. 142).

Martínez Quirante presenta una comparación entre las muertes por arma corta en países europeos y los EE.UU. En 1992, en Inglaterra fallecieron por esta causa 33 personas, 13 en Australia, ... y 13.200 en los EE.UU. Normalizando según la población a los EE.UU. le correspondería 154 muertes para estar al mismo nivel que Inglaterra. La diferencia, suponemos, se debe a la abundancia de armas de fuego en los EE.UU. Al no disponer de los datos de 1992 usaré los de 1995 del UCR. Ese año 21.597 peronas fueron asesinadas, 16.305 de ellas con arma de fuego. Si imaginamos por un momento que a) no había ningún arma de fuego en el país ese año y por tanto los asesinatos cometidos con ellas no se produjeron y b) el criminal no utilizó otro instrumento para llevar a cabo su propósito nos quedan 5.291 muertes. Aún sin armas de fuego en los EE.UU. se hubieran producido 34 veces más asesinatos que los que le corresponderían para estar al nivel de Inglaterra, pero ahora no podemos usar las armas de fuego para explicar esta diferencia. Pero hay más: según el Bureau of Justice Statistics 4% de los asesinatos cometidos en los EE.UU. entre 1993-2001 se cometieron sin armas. Según este dato 864 personas en los EE.UU. en 1995 es decir, 5.6 veces más que los que le corresponderían para estar al nivel de Inglaterra. Claramente podemos ver que los niveles de violencia entre los EE.UU. y otros países europeos no son comparables incluso si prescindimos de la violencia que se podría atribuir a las armas de fuego.

Marínez Quirante atribuye las bajas tasas de violencia en los países europeos a que "las armas cortas están prohibidas y por tanto no se accede a ellas fácilmente, lo cual demuestra la efectividad irrefutable de la prohibición de armas" (p. 145). También están prohibidas las armas cortas en Rusia, pero, según muestra W. A. Pridemore ("Using Newly Available Homicide Data to Debunk Two Myths About Violence in an International Context: A Research Note." Homicide Studies v. 5, pp. 267-275 (2001)) las tasas de homicidio de este país es comparable (cuando no superior) a la de los EE.UU.

Comparación de tasas de homicidio entre EE.UU. y Rusia

Las armas cortas también están prohibidas en Jamaica, y fuertemente reguladas en Colombia, Venezuela, México o Brasil, pero en estos países la tasa de homicidios es muy superior a la de los EE.UU. Aunque la autora considera como "irrefutable" la efectividad de la prohibición de armas los datos parecen indicar lo contrario.

Marínez Quirante cita datos suministrados por el Violence Policy Center para apoyar los efectos nocivos de la libre tenecia de armas. Una de las estadísticas dice que por cada caso en que se utiliza un arma en casa con fines de autodefensa se producen 1,3 muertes accidentales, 4,6 asesinatos y 27 suicidios. Los datos exactos en los que se usa un arma para autodefensa no se conocen pero un estudio del Bureau of Justice Statistics señala que entre 1987-1992 se usaron armas de fuego en defensa propia en 82.500 ocasiones por término medio cada año (62.200 de éstas para defenderse de crímenes violentos). El estudio no cita cuantos de estos casos ocurrieron en el domicilio de la víctima, pero podemos poner que fueron en un 30% de los casos, es decir, 24.750 casos. Para que las estadísticas del VPC fueran ciertas, cada año se tendían que producir 32.175 accidentes con arma de fuego, 113.850 asesinatos y 668.250 suicidios. Los números reales son muchísimo más bajos.

Dice también el VPC que la mortalidad de los niños menores de 15 años es 12 veces superior en los EE.UU. que en los demás países desarrollados. Este dato es irrelevante a menos que 11/12 de las muertes sean por heridas de arma de fuego. Según datos del National Vital Statistics Report (2004) en el 2002 murieron 40.042 niños menores de 15 años. Las muertes atribuíbles a heridas de armas de fuego son 60 por accidente, 86 por suicidio, 263 por homicidio y 7 por otras causas. Según estos datos las armas de fuego no tiene nada que ver con la superior mortalidad infantil de los EE.UU.

Por último, menciona la autora otra estadística del VPC que dice que desde 1968 a 1991 el porcentaje de fallecidos en accidentes de automóvil ha descendido mientras que el de fallecidos por herida de arma de fuego se incrementó en el mismo periodo. Lo que ni Martínez Quirante ni el VPC dicen es que, a pesar de que en los EE.UU. hay más armas de fuego que automóviles, más gente muere a consecuencia de los segundos que de los primeros. Hay que tener en cuenta además que, mientras los accidentes de automóvil son, generalmente, invountarios loas muertes producidas por herida de arma de fuego son, en su mayor parte voluntarias (suicidios y homicidios).

Según NationMaster en los EE.UU. hay 478 automóviles y podemos estimar unas 850 armas por cada 1.000 habitantes.

Comparación de número de muertes por arma de fuego y por accidentes de tráfico en los EE.UU.

Muertes por accidente de coche (azul) y arma de fuego (rojo) - Datos del Center for Diseases Control

Por último, la autora señala las muertes producidas por accidentes y negligencias en el manejo de armas de fuego como justificación para una mayor intervención administrativa destinada a la prevención de peligros. Según el National Vital Statistics Report (2004) en el 2002 se produjeron 106.743 muertes accidentales muertes accidentales. De ellas 45.380 se debieron a acidentes de tráfico, 17.550 por envenenamiento y exposición a sustancias tóxicas, 16.257 a caídas, 3.477 por ahogo, 3.159 por exposción accidental al humo o las llamas y 762 por accidentes en el manejo de armas de fuego. Dentro del orden de prioridades de la administación a la hora de prevenir accdentes las armas de fuego deberían ocupar uno de los últimos lugares.

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