Un estudio de la Office of Juvenile Justice and Delinquency Prevention (Urban deliquency and Substance Abuse) encontró que los jóvenes que tienen armas de fuego legalmente son (ligeramente) menos propensos a cometer crímenes o a usar drogas que los que no tiene armas de fuego (p. 18). Estos jóvenes no cometen crímenes con armas de fuego y son menos propensos a cometer crímenes callejeros y a usar drogas (tabla 13).
Un estudio del Department for Children, Schools and Families (Confident, capable and creative: supporting boys’ achievements) muestra que, durante el período 2004-2006, los niños obtuvieron peores resultados escolares que las niñas. Esto podría ser explicado, según los autores del estudio, porque los educadores tienen la tendencia a limitar ciertos juegos de los chicos relacionados con luchas o uso de armas. Este tipo de juegos, según los autores, promueven una actitud de asumir riesgos de una forma segura y sana y hacen que el aprendizaje sea más atractivo.
Lo mismo opina Penny Holland, investigadora de la University of North London. En su libro We don't play with guns here¹ propone abandonar la idea de que los juegos agresivos llevan a actitudes violentas y antisociales. Holland muestra los beneficios para el aprendizaje de juegos en los que los chicos juegan a buenos y malos o construyen y usan armas y los ve como un punto de entrada para el inicio de juegos imaginativos y el desarrollo social de los niños.