El modelo no se basa, desde luego, en vender armas a criminales, enfermos mentales o personas violentas. Por otra parte, aunque un arma de fuego (o cualquier tipo de arma) facilita el trabajo de un criminal, su ausencia no le va a impedir delinquir y su presencia tampoco va a convertir a un ciudadano corriente en un criminal.
En los EE.UU., la mayoría de los crímenes violentos se cometan sin armas de fuego: según cifras del National Crime Victimization Survey, en 26% de los 8,9 millones de crímenes violentos que, por termino medio, ocurrieron cada año entre 1993 y el 2001 el criminal estaba armado; solo en 10% de estos crímenes lo estaba con una arma de fuego. En estos casos las víctimas fueron amenazadas (72%) y en unos pocos se les disparó (3%).
En ese mismo periodo, en 85% de los casos las víctimas agredidas con un arma de fuego no sufrieron ninguna herida y en 4.6% de los casos la herida fue fatal o seria.
Entre 1993 y el 2001 30% de los homicidios, 97% de las agresiones sexuales y violaciones, 73% de los atracos y 92% de las agresiones violentas se cometieron son armas de fuego.
En el hipotético caso de que en los EE.UU. se eliminaran las armas de fuego, la reducción en crímenes violentos sería menor del 10%.