Por el contrario, en la tradición europea, donde el monopolio legítimo de la fuerza, de la violencia, lo tiene el Estado y, por tanto tiene también el monopolio de las armas, esta violencia es claramente inferior.

Es falso que la tradición europea sea la del monopolio estatal de las armas. Tomemos Inglaterra como ejemplo: Bajo las leyes de Alfred the Great, todos los ciudadanos estaban obligados a tener armas (pagadas por ellos mismos) y estar listos para luchar.

Los Normandos respetaron ese derecho tras conquistar a los sajones y, bajo el Assize of Arms de 1181, todos los hombres libres estaban obligados a poseer armas. En 1253 esta obligación se extendió a los siervos o villanos. Edward I ordenó en 1285 que todo el que pudiera debía tener un arco y flechas. El rey Edward III, en 1369, prohibió cualquier otro juego que no fuera el tiro con arco.

El Bill of Rights de 1689 reconoce el derecho de los ciudadanos protestantes a llevar armas para su defensa, que no se verá limitado hasta el s. XX. Sólo se privó de ese derecho a los católicos ingleses.

Los suizos, como señaló Maquiavelo, ya estaban bien armados y gozaban de libertad para 1532. Guillermo Tell disparó contra la manzana en 1307, según la tradición. Desde entonces los suizos han conservado la costumbre de tener una ciudadanía armada.

Rembrandt pintó en 1642 De Nachtwacht donde aparece la Compañia de las milicias civiles (Kloveniers) del capitán Frans Banning Cocq y Willem van Ruytenburch, armados con lanzas y mosquetes.





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