[16]Esta situación simplemente se debe a la diferencia entre un sistema libre de posesión de armas o un sistema de restricción. Esos efectos catastróficos en los Estados Unidos por el derecho a llevar armas, sobre todo a partir de los años 60 --recordemos que hay 30.000 muertes anuales entre suicidios, homicidios, accidentes, etcétera--, está dando un enfoque como si fuera una verdadera epidemia, y se están aportando nuevos sistemas para la elaboración de políticas de prevención, y sobre todo se están desmitificando las concepciones, los prejuicios y las sensaciones de la sociedad como la creencia de que al disponer de un arma en casa nuestra vida va a correr menos peligro, o que todas las muertes cometidas con arma se llevan a cabo por delincuentes típicos o por criminales estereotipo. Esto es falso, por un lado, aunque parezca mentira, en sociedades armadas los criminales cometen, en comparación, un tanto por ciento de muertes menor que las que causan los hombres inicialmente fuera de toda sospecha; por otro lado, se ha demostrado que el poseer un arma en casa, aunque pueda parecer que confiere protección, en realidad expone a los miembros de la familia a un peligro sustancial, sea por accidentes o por acciones no premeditadas derivadas de la violencia doméstica. Por ello, aunque los ciudadanos norteamericanos se gastan ingentes cantidades de dinero en sistemas de seguridad para sus casas: alarmas, cierres blindados y seguridad privada, ignoran que el principal factor de riesgo es tener un arma en casa. Hay un dato interesante a tener en cuenta, y es que en sociedades armadas un arma guardada en casa por motivos de seguridad es seis veces más probable que se use contra un familiar o contra un amigo que contra un intruso.
[17]Además, nos compungimos cuando conocemos las cifras diarias de un conflicto armado, pero lo más preocupante es que no nos damos cuenta del goteo diario de víctimas que se produce en los Estados Unidos en tiempo de paz. Los datos los han expuesto congresistas durante el debate de la Ley Bradye. Por ejemplo, durante la II Guerra Mundial murieron 400.000 norteamericanos, pero si nos damos cuenta, son los mismos que han muerto durante diez años por el hecho de tener la población el derecho a llevar armas. Otro dato es que durante los diez años que duró la Guerra del Vietnam murieron unos 60.000 soldados, que es la gente que muere en dos años en Estados Unidos en tiempo de paz. Si comparamos la cifra de homicidios en Europa y en Estados Unidos, teniendo en cuenta 280 millones de habitantes cada uno, la media de homicidios por arma de fuego es de 700 víctimas anuales, lo cual quiere decir que si el Congreso norteamericano se atreviera a establecer leyes de prohibición como las europeas, cada año Estados Unidos salvaría cuatro veces las víctimas equivalentes a las torres gemelas.
[18]Otro dato que no se acostumbra a destacar es el de las lesiones irreversibles que provoca el contexto armado estadounidense en tiempo de paz. La cifra oficial que se señala es que por cada ciudadano que muere por herida de bala tres quedan heridos, uno de los cuales queda parapléjico, queda incapacitado de por vida.
[19]Pasemos ahora a sacar a la luz el problema de la contaminación de violencia en la sociedad europea, asunto pendiente, sin medir la invasión de la cultura norteamericana mediática de violencia y de apología de las armas de fuego que al final contamina y repercute en la sociedad europea, en sus aptitudes, en su forma de resolver los problemas, en sus conflictos, etcétera. La contaminación de violencia a través del cine, de la televisión y de los videojuegos es evidente. Este concepto de contaminación ha sido acuñado por destacados economistas, como James Hamilton, que a partir de la extrapolación de principios jurídico-económicos del derecho ambiental lo utilizan y lo trasladan al campo de la prevención de la violencia.
[20]En los Estados Unidos incluso algunas resoluciones judiciales han obligado a pagar a empresas al imputarles responsabilidad por generar o patrocinar programaciones violentas que posteriormente han sido reproducidas o imitadas en acciones criminales. Aunque los Estados europeos continúen pasivos en la regulación y en la prevención de la violencia, muy pronto asistiremos a movimientos ciudadanos que aplicarán las exigencias de responsabilidad pública y privada, al igual que se ha hecho con el tabaco.
[21]El desconocimiento y la relativización que hacemos los europeos de nuestros propios valores nos llevan a paradojas como que no ahondamos en políticas y en regulaciones que se orienten en esta línea de desarme; estamos acomplejados frente al modelo americano y a veces incluso hacemos un cierto seguidismo.
[22]Pues bien, Estados Unidos está marcando la pauta precisamente en proyectos de regulación y de intervencionismo administrativo enfocados a controlar y a limitar las fuentes que generan la cultura de la violencia en lugar de ser Europa la que lidere esta cuestión, pues en el año 2000 la Federal Trade Commission emitió un informe sobre programación violenta infantil en televisión, cine y videojuegos y ya se está replanteando este mercado, hasta ahora liberalizado, y pretende intervenir en este tipo de programación.
[23]La historia nos ha enseñado lo beneficioso que fue el establecimiento de un proteccionismo administrativo en los años 60 respecto a las importaciones europeas de automóviles, cuando frenaban el paso de nuestros automóviles alegando que no tenían condensadores o filtros estandarizados para reducir las emisiones contaminantes. Pues bien, sea por reimplantación de los valores del medio ambiente o, por el contrario, por un puro interés proteccionista del mercado norteamericano, lo cierto es que Europa tuvo que modificar y adaptarse a sus altas exigencias ambientales para introducir poco a poco sus productos en América.
[24]Hoy, en el mercado de la industria del entretenimiento deberíamos invertir los términos y levantar unas barreras de protección para impedir esa intoxicación de violencia a través de la importación que estamos haciendo de sus programas. El establecimiento de lo que yo denomino cordón regulador no sólo se justificaría para la preservación de los valores europeos, sino también para frenar esa avalancha de poderes oligopolistas mediáticos norteamericanos y propiciar, asimismo, un surgimiento de una industria europea propia basada en unos principios que no pasen por la violencia gratuita que estamos sufriendo.
[25]En todo caso, creo que ya hay signos de esta contaminación cultural de violencia, como lo demuestran los siguientes ejemplos. Aunque Europa dispone de mucha menos gente armada, solamente un 8 por ciento de la población frente al 30 por ciento en Estados Unidos, durante los últimos años hemos superado a los Estados Unidos en asesinatos en masa, como prueban los atentados de Dunblane, con 17 muertos; del Ayuntamiento de Nanterre, con 8 muertos y 20 heridos, o del Instituto de Erfud, con 16 muertos. Todos ellos fueron cometidos por ciudadanos libres de toda sospecha, con armas legales y con permisos reglamentados.
[25]El riesgo de un arma corta está relacionado con su disponibilidad, de ahí la necesidad de que surja en Europa una revisión de la normativa para preservar este espacio paradisiaco de seguridad y de protección del derecho a la vida que en comparación con Norteamérica tenemos. A pesar de estas masacres, recuerden que tienen diez veces más víctimas mortales que en Europa.
[26]Pasemos a analizar el papel de la Directiva de armas de 1991. En el año 1991 se dictó la Directiva de armas, una norma comunitaria que pretendía compatibilizar la abolición de las fronteras internas y la libre circulación con la preservación de los poderes de los Estados en materia de control de armas y seguridad; es decir, pretendía uniformizar bajo un modelo de intervención mínimo general. Hay que decir que la normativa española tiene los estándares más rigurosos de todos los Estados miembros, y ha sido la que ha arrastrado al Derecho europeo a una regulación más estricta que la que predominaba en el resto de Estados miembros.
[27]La Directiva, aunque deja un margen de regulación posterior, establece que los Estados sólo podrán aprobar medidas aún más restrictivas. Sin embargo, la ventaja de mantener una abertura de diversidad reguladora en el marco de la directiva permite experimentar nuevas medidas y nuevas técnicas de control jurídico. De este modo, un Estado emprendedor podrá establecer nuevas medidas y, posteriormente y si tienen éxito, podrán ser emuladas por otras regulaciones.
[28]La Directiva ha establecido como mayor novedad la tarjeta europea de armas, expedida por las autoridades nacionales a instancia del titular o del usuario del arma de fuego y cuyo objetivo es facilitar la libre circulación de cazadores y tiradores deportivos por la comunidad. En ella se reflejan las armas prohibidas en cada uno de los Estados miembros, con lo cual el titular de una tarjeta tiene pleno conocimiento en todo momento del régimen sobre armas que existe en el país donde se desplaza.
[29]Ahora bien, a pesar del establecimiento de este mecanismo, no se ha desapoderado a los Estados de las competencias ejecutivas de control sobre las armas, puesto que pueden establecer medidas suplementarias y, en todo caso, se mantiene la obligación de comunicar a las autoridades nacionales el propósito de entrar en un país con armas.
[30]Con esta técnica se ha construido un espacio europeo en esta materia y se ha obtenido mayor seguridad jurídica para que cualquier ciudadano europeo circule entre los países miembros, pero sobre todo se ha triunfado en una visión de rechazo del arma como si fuera un producto industrial y comercial más al que aplicar las disposiciones relativas al mercado único. Ciertamente, la comunidad no ha basado su enfoque únicamente en criterios comerciales y económicos y ha antepuesto uno de los principios que define la civilización y la sociedad europea; el principio de rechazo de un ciudadano armado y la preservación del monopolio del ejercicio de la coacción directa en manos de los poderes públicos.